martes, septiembre 30, 2003
Otra madre de una de las víctimas de Juárez, donde se pretende que nadie sabe qué está pasando, cuenta que cuando su hija desapareció, los dos periquitos australianos que le había regalado el novio y que sólo eran amigables con la hija, se pusieron muy tristes. Uno murió. El otro tenía algo raro. La madre lo sacó de la jaula. El avecita se portó tranquila, cuando antes había sido el más agresivo de los dos. Puro instinto: le pregunta al periquito si sabe donde está la hija. "Y Luis nomás sacudía la cabeza como diciendo sí, sí". Esa tarde la madre dejó libre al perico. Al día siguiente recibió una llamada de la policía para que identificara lo que podrían ser los restos de su hija que había desaparecido.
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En el documental "Señorita extraviada", la madre de una de los cientos de desaparecidas en Ciudad Juárez narra cuando le llamaron del servicio forense, para identificar lo que podrían ser los restos de su hija. Dice que al llegar, uno de los oficiales la apartó hacia un rincón, donde estaba un costal lleno de restos. Le fue mostrando lo que sacaba del costal: primero el pantalón, luego la blusa, al último la pantaleta. La madre reconoció la ropa de su hija. Para terminar, el oficial le mostró un cráneo, sin rastros de piel. Desesperada, la madre recordó que su hija tenía trabajo dental, pues había usado frenos mucho tiempo. Después, el forense concluyó que la dentadura de ese cráneo no muestra trabajo dental alguno. La hija sigue desaparecida.
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martes, septiembre 09, 2003
En Guanajuato, junto a las momias, un cuarto largo, angosto. Le llaman "Salón de culto a la muerte". Además de un dedo índice descarnado y de uña larga, que supuestamente apareció sobre la tumba del asesino de su dueño "señalándolo desde el más allá", hay un esqueleto en un ataúd alumbrado por un par de luces moradas. La cédula dice algo como que "se trata de los restos de un científico alemán muy prominente, cuyo nombre no podemos revelar, que murió a causa de su trabajo con sustancias radioactivas. Por eso no puede ser expuesto a la luz de día: si lo hiciéramos, sus restos se desintegrarían al instante".
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En el mismo salón, un esqueleto sobre una cama de clavos. Algunos huesos rotos por los afilados metales. Son los restos de un condenado por la Inquisición a la cama de clavos. Fue sepultado con ella para que sufriera su castigo por toda la Eternidad.
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