miércoles, noviembre 26, 2003
mac papi dice:
yo me sé una historia como las que cuentas
mac papi dice:
un día iba yo con tu hermana hacia tu casa
y nos paramos en la esquina de montevideo y politécnico
mac papi dice:
y no sé porqué me le quedé viendo a un tipo que iba en bicicleta
que a su vez estaba viendo a una chica que tenía minifalda
mac papi dice:
el tipo de la bici estaba abajo de la banqueta esperando pasar
pero por estar viendo la minifalda, no vio que estaba yendo una pipa de agua directamente hacia él
mac papi dice:
y de hecho nunca la vio por estar clavado con las piernas
hasta que sintió el golpe y la pipa le pasó por encima
mac papi dice:
las primeras llantas y luego las de atrás
tu hermana y yo estábamos como a dos metros de él
y nos pidió ayuda, como no supo ni qué le pasó nos volteó a ver y estiró la mano
mac papi dice:
pero pues
mac papi dice:
cómo lo jalas o qué haces
y en cuestion de segundos se le inflamó el estómago
y esperábamos que la pipa se detuviera y no lo hizo
hasta que lo detuvieron adelante
mac papi dice:
tu hermana y yo nos fuimos pero ahí hay una cruz ahora
mac papi dice:
yo lo vi todo y sé porqué no vio el camión
y a veces pienso que si le hubiera dicho algo no se hubiera muerto
pero yo tenía la esperanza de que volteara
mac papi dice:
y nunca lo hizo
mac papi dice:
tu hermana y yo no hablamos desde ahí hasta tu casa
mac papi dice:
lo que más recuerdo es cómo gritó cuando le pasaban las llantas
c c |11:01 a.m.
martes, noviembre 25, 2003
Margarita recuerda dos historias al conversar sobre mujeres asesinadas por sus maridos:
Rosa María vivía muy humidelmente en Ecatepec con su esposo taxista y sus tres hijos pequeños. En diciembre pasado, después de una discusión, el taxista la roció de gasolina, le prendió fuego y huyó. Como pudo, Rosa María se apagó las llamas y abordó un bicitaxi que la llevó a la estación de policía. Ahí la trasladaron a un hospital de urgencias del Seguro Social, donde a pesar de sus quemaduras de primero, segundo y tercer grado, no la recibieron por no ser derechohabiente. La atendieron en un hospital de beneficiencia del DF. Durante varios meses estuvo consciente, pero muy grave. Todos los días preguntaba por sus hijos, pues el marido había amenazado con matarla a ella y después a los niños. Hace unas semanas salió del nosocomio y declaró su miedo y su desesperación porque no puede trabajar con las manos como le quedaron, deshechas por las quemaduras. El taxista fue aprehendido. Declaró que después de la discusión, ella misma se había rociado con la gasolina y provocado el fuego justamente para culparlo a él.
Para Margarita queda claro: si Rosa María sobrevivió, fue por sus hijos.
Una madrugada de abril, los vecinos de la tienda de la esquina despertaron a la dueña porque de las ventanas de la casa, acondicionada como local, salía mucho humo. Ahí vivían su hija con su marido -ambos de unos 25 años- y su nieto, de unos tres años. El joven la celaba y la golpeaba. Después de mucho esfuerzo, la señora abrió la puerta que estaba atorada con cajas de refrescos, sólo para encontrar la recámara del matrimonio en llamas y los tres cadáveres. En un ataque de celos, él golpeó a la joven, la sujetó a la cama, la asfixió y prendió fuego al colchón. Después colgó a su hijo en el clóset. Finalmente ató varias corbatas y se ahorcó.
Margarita no compra más en esa tienda porque ledanoséqué encontrarse con la señora.
c c |4:58 p.m.
Reforma publica 7 casos más de mujeres asesinadas por sus esposos: 4 murieron asfixiadas o estranguladas, 2 en asaltos fingidos, y una más a golpes. El motivo, en 4 de los casos, fueron celos o violencia intrafamiliar; en los otros 3, cobrar los seguros de vida. Los montos: 400 mil dólares, un millón de pesos (cerca de 100 mil dólares) y 400 mil pesos (unos 40 mil dólares).
c c |4:24 p.m.
Por la tarde, Mauricio reportó que su esposa, Mariana, estaba desaparecida desde esa mañana de junio, cuando salió de su casa en San Jerónimo para llevar a su hija a la escuela. Después pasaría a la tintorería, al supermercado y de nuevo a la escuela. Pero desapareció. Dos días después el cadáver de Mariana fue encontrado dentro de su camioneta: fue golpeada en todo el cuerpo, incluso con el bastón que usaba para asegurar el volante. El resultado de la necropsia: traumatismo craneoencefálico y asfixia por estrangulamiento. Había manchas de sangre en todo el interior del auto.
Mariana usaba braquets en forma de estrella.
A pesar de que Mauricio tenía rasguños, moretones en los brazos (dijo que se había lastimado en un partido de futbol) y heridas en los nudillos con forma irregular (dijo que se había rasguñado al sacar la motocicleta de sus hijos; el peritaje presume que pudieron ser causadas por los braquets), la pruebas no fueron suficientes y fue dejado en libertad.
Las amigas de Mariana recuerdan sus conversaciones. Mauricio intervino sus teléfonos, la seguía, la golpeaba, la amenazaba.
¿Qué pasaría si te mato?, le preguntó un día.
c c |4:15 p.m.
Abigaíl tenía 7 años y Karla 6. Sus papás eran amigos desde que eran muy pequeñas, así que hacían la tarea y jugaban juntas. El fin de semana, Concepción, la mamá de Abigaíl, convenció a los papás de Karla para que la dejaran ir con ella y sus 3 hijos al desfile navideño que organiza Coca-Cola en avenida Reforma. A la altura del Auditorio Nacional, los cuatro niños y la mujer intentaron cruzar la avenida. Dos microbuses les dieron el paso en los primeros carriles. En el tercero, una camioneta Mercedes Benz gris rebasó y arrolló a las niñas. Abigaíl murió en el pavimento; Karla, camino al hospital. Concepción fue golpeada en el rostro con el espejo retrovisor.
Asustados, Alvaro e Israel, los dos hermanos de Abigaíl, corrieron entre la gente que esperaba el inicio del desfile. Algunos testigos los alcanzaron y trataron de tranquilizarlos. Alvaro les pidió 10 pesos y un boleto del metro para ir a su casa y avisar a su papá. Hoy Alvaro asegura que, después de golpear a las niñas, el conductor de la camioneta aceleró y les pasó las llantas por encima.
c c |3:39 p.m.
lunes, noviembre 17, 2003
Empacábamos para salir huyendo del hotel de NY.
Llegó un hombre rubio, de cabello largo hasta los hombros.
Disparó rápido, con puntería, en nuestras frentes. Primero Tere.
Me sentí caer y no vi más que negro. Aturdimiento.
La detonación se prolongó en un zumbido agudo, pero estaba muy dentro de mis oídos.
"Así es como se siente".
Sin tiempo para el miedo, mucho menos para repasar la vida. Todo en instantes, todo simultáneo.
Segundos en negro.
Mi cabeza sobre mis brazos sobre la mesita del hotel y pude abrir los ojos.
También Tere.
No había sangre, sólo los agujeros quemados justo en medio de los ojos.
El aturdimiento. Los ojos colgados como cuando no se duerme en días.
La vista como de angular. Repetía mi nombre, mi dirección, más nombres.
No quería dejar que mi cabeza se detuviera. Llevaba la bala adentro y no sentía dolor.
Y nos mirábamos las frentes reventadas.
¿Cómo
habrá
sentido
ella
esa
muerte
pequeñita?
c c |9:41 a.m.
domingo, noviembre 16, 2003
El reportero narra el accidente: un automóvil gris de lujo arrolló a un joven motociclista que circulaba sin casco por el Viaducto. Las autoridades cubrieron el cuerpo, prácticamente destrozado, con una sábana blanca y subieron al conductor del auto a una patrulla. Minutos después llegó la familia del motociclista, los papás, los primos. Al saber que el conductor seguía en la escena, la familia intentó lincharlo. Entre el zafarrancho, nadie se percató de que el papá caminó hasta el cuerpo de su hijo y descubrió la sábana. Los gritos de dolor, el llanto del papá, se transmitieron claramente en uno de los noticiarios radiofónicos más escuchados del país.
c c |4:05 p.m.
Las cadenas de televisión nacional transmitieron el video tomado por las cámaras del centro comercial: una empleada embarazada, en cuclillas, cambia el dinero del cajero mientras es custodiada por unos 3 hombres de seguridad bancaria. De pronto, los custodios se ven desconcertados y corren a los lados. Simultáneamente, el rictus de la mujer es clarísimo al sentir la bala que le entra por la espalda. Abre las manos y viene el espasmo del segundo impacto. Da un medio giro y cae sobre la espalda herida. La siguiente escena son los asaltantes tomando el dinero del cajero mientras la mujer yace con las manos sobre el vientre.
c c |4:03 p.m.
Elpidio se hizo de ahorros mientras trabajó de bracero en Estados Unidos. Regresó, compró una camioneta para vender pan por las calles y hace unos días fue al banco a retirar sus ahorros, 22 mil pesos que invertiría en una panadería. Al salir del banco, su esposa y él se dividieron el dinero en bolsas y subieron a su camioneta. A unas cuadras de su casa, en Iztapalapa, dos hombres rompieron los vidrios laterales y los encañonaron. Sin resistencia, ella extendió la bolsa de dinero al ladrón. La tomó y, al huir, disparó contra el panadero. La bala no lo alcanzó a él, sino al otro asaltante que reaccionó disparando a quemarropa en la sien izquierda de Elpidio. Horas después, el panadero sufrió muerte cerebral.
c c |3:38 p.m.
miércoles, noviembre 05, 2003
Judith dice que es astróloga y que en el Universo, nada es casual; todo es causal. Hace poco fue al pueblo vecino a comprar pollo rostizado para sus tres perritos. Cuando estaba cerrando la puerta de su camioneta, un Rottweiler que vagaba por ahí se subió apresurado. Asustada, bajó y observó al animal. Tenía heridas y cicatrices por todo el cuerpo. El dependiente de la rosticería le ofreció una cuerda para que se lo llevara y lo colgara en algún puente de la carretera, porque seguro era un perro de pelea pero ya no sirve y te puede atacar. Ella se guardó el miedo y lo llevó con la veterinaria. En el camino, el Rottweiler se sentó en el piso del auto, recargó su cabeza sobre la rodilla de Judith y se quedó dormido. La doctora dijo que tenía heridas internas, que estaba muy lastimado y muy cansado. Y lo durmió.
c c |3:25 p.m.
Hugo dejó el pie derecho y tres dedos del pie izquierdo en las vías del tren que intentó abordar en movimiento. Chon, la pierna derecha y el pie izquierdo. Leti, ambas piernas. Los inmigrantes centroamericanos que para llegar a Estados Unidos intentan viajar de polizontes en el tren de la frontera de Tapachula, Chiapas, a menudo terminan mutilados en los rieles. Y expresan que no importa las condiciones en que se encuentren: nada sería peor que volver a sus países.
c c |10:36 a.m.