martes, diciembre 23, 2003
Los vecinos avisaron a la policía sobre el mal olor de un departamento de la calle Antonio Solís, en la Obrera. Los cadáveres de cuatro pequeños de 6, 4 y 3 años y 6 meses de edad estaban en franco estado de descomposición. Dulce María tenía 24 años, era bailarina en un table dance de poca monta y era madre de los cuatro. Mientras trabajaba y dormía, la niña de 6 cuidaba a sus hermanos. El 14 de diciembre Dulce María asfixió a sus cuatro hijos luego de una pelea con su pareja actual. Salió muy temprano y caminó dos cuadras hacia el metro Chabacano. Fue la última vez que los vecinos la vieron.
Martha, la mamá de Dulce, acudió ayer al Servicio Médico Forense para reclamar los cadáveres de sus nietos. Le pidieron que mirara el cuerpo de una mujer que había sido arrollada por un convoy del metro en la estación Chabacano a la que no habían podido indentificar porque no llevaba ningún documento y cuya media filiación coincidía con la de su hija.
Martha reclamó 5 cadáveres.
c c |10:00 a.m.
Dehesa cuenta.
Su amigo el Gordo, doctor de profesión, se aventuró a revisar la regadera que lanzaba agua en todas direcciones por capricho. Su esposa, la Gorda, le había insistido tanto. Estaban ambos mirando qué pasaba pero ella tenía que salir. El Gordo se quedó examinando la escena hasta que se dio cuenta de que sus capacidades no incluían la plomería. Llamó al Pulpo que prestamente se apostó ante la poseída regadera. Con toda su experiencia de plomero argumentó que tenía que asomarse al registro, un hoyo negro y profundo donde metió la cabeza. El doctor lo dejó hacer y se retiró del baño.
Llega la Gorda y pasa inmediatamente al baño. Ve al hombre, que supone su marido, con la cabeza metida en el registro. Extiende la mano y le acaricia non santa parte al tiempo que dice cariñosamente "¿dequénchon estas bolitas?" El Pulpo, concentrado como estaba en las tuberías, pega un grito, intenta sacar la cabeza, pero el tremendo golpe lo desploma ensangrentado sobre el piso del baño. La Gorda pega un grito más potente aún cuando descubre que el objeto de su lascivia era un hombre equivocado, el aplicado plomero que yace con el cráneo fracturado sobre el azulejo.
Después de la ambulancia, la hospitalización y las puntadas, la Gorda le dice al Gordo que él tiene la culpa por vestirse con puras garras y ponerse tenis chafas cuando está en la casa.
Dehesa sufre.
c c |9:52 a.m.
jueves, diciembre 18, 2003
Sebastián tenía 24 años. Fue idea suya jugar a la piñata con sus hermanos, una niña de 13 y un niño de 8. Dejó que lo ataran de pies y manos y aceptó la soga en el cuello. Los niños cantaban "dale, dale, dale" y golpeaban a Sebastián mientras él se balanceaba desde un travesaño de su casa, en Yucatán, convencido como estaba de su papel de piñata humana. Entre los golpes y las risas Sebastián se tropezó. La cuerda en su cuello se apretó. Cayó al suelo con manos y pies atados. Los niños trataron de levantarlo y desatarlo.
Al escuchar los gritos, los papás corrieron a donde estaban sus tres hijos. Cortaron la cuerda. Trataron de reanimar a Sebastián. Fue inútil. Sebastián murió asfixiado frente a sus hermanos.
c c |11:52 a.m.
Ayer murió el policía López, con la cabeza atravesada por una bala.
c c |11:15 a.m.
Con las válvulas cardiacas, el hígado, los riñones y las córneas que los papás de Yahir -que tenía 11 años y una deficiencia congénita en el cerebro- decidieron donar del cadáver de su pequeño, recuperarán la vista o simplemente sobrevivirán unas 6 personas.
c c |11:03 a.m.
viernes, diciembre 12, 2003
El policía preventivo Salvador López recibió un balazo en la sien izquierda. Perseguía a dos hombres que minutos antes habían asaltado a una señora en el Centro Histórico, cerca de Garibaldi. Con la cabeza atravesada por la bala y la masa encefálica expuesta, fue trasladado en helicóptero a un hospital privado en la colonia Roma. Y está vivo.
c c |11:27 a.m.
Ernesto escuchó disparos cerca de su casa en la colonia Forestal y salió a ver.
Una riña callejera.
Ernesto murió camino al hospital con una bala perdida en la garganta y 22 años.
c c |10:59 a.m.
Fernando era albañil de oficio. En esta época es difícil para un albañil conseguir trabajo, así que periódicamente se dedicaba a elaborar piñatas para sostener a su esposa María Cristina y sus tres hijos, Ana Carmen, Humberto y Adriana, de 9, 8 y 6 años.
La madrugada de este viernes, el día de Guadalupe, tres hombres entraron a su casa, ubicada en un cerro de San Miguel Topilejo, en Tlalpan. Uno de ellos sujetó a Fernando y lo llevó a la cocina, mientras María Cristina y los niños eran amagados en su recámara. Sólo escucharon el disparo que atravesó la cabeza de Fernando. El botín fue de 100 pesos, un teléfono celular y un anillo de María Cristina.
c c |10:56 a.m.
miércoles, diciembre 10, 2003
Cuando la policía llegó, encontró el cadáver en el asiento delantero derecho de un automóvil abandonado. Estefanía había muerto hacía unos 10 minutos frente a su casa, en la colonia Morelos. La bala entró por su sien izquierda y salió por la derecha. Tenía 17 años. "¡Te estoy hablando, hazme caso!", le gritaba su marido, Juan Israel, desde fuera del vehículo. Tiene 24 años. Corrió, subió al auto y abrazó el cadáver ensangrentado, mientras la mamá de Estefanía se aferraba a la portezuela derecha.
Se presumió un suicidio, pero la prueba de radizonato de sodio fue negativa en ambas manos del cadáver. La misma prueba resultó positiva en la mano derecha de Juan Israel, quien además es adicto a la mariguana y a las pastillas psicotrópicas. Estefanía se casó con él 2 meses atrás y tenía 4 meses de embarazo.
c c |9:46 a.m.
Celia y su hija Esther, de 12 años, dormían en su casa de Santa Cruz Meyehualco, Iztapalapa. Celia vivía hace más de 9 años en unión libre con Jorge y tenía otro hijo de 18 años, Leonardo. Cerca de las 4.30 de la madrugada, Jorge y Leonardo llegaron en estado de ebriedad al cuarto donde vivían los 4 por 500 pesos mensuales. A golpes, Jorge molió a Celia y Leonardo a Esther hasta matarlas. El Ministerio Público recuperó las armas que utilizaron: un tabique y una plancha.
c c |9:18 a.m.
lunes, diciembre 08, 2003
Esta mañana fui a buscar la cruz del chico de la bicicleta que fue arrollado por la pipa de agua y que me contó Peter que vio con mi hermana. Es una crucecita blanca, casi en la esquina del camellón, que acaban de remodelar con pasto y reja nuevos. Casi no se ve con el monumento de los rotarios que pusieron justo ahí y el poste del alumbrado público. Se llamaba Francisco Javier Ramírez Castillo y nació en 1969.
c c |9:45 a.m.
jueves, diciembre 04, 2003
La vaca se abalanzó contra la barda y la derrumbó. Salió huyendo del rastro municipal de Reynosa, Tamaulipas, que se encuentra en la avenida más transitada de la ciudad. Cruzó el bulevar a toda carrera y entró a una mueblería donde causó destrozos antes de salir intempestivamente por un ventanal que hizo polvo. Cruzó de nuevo la avenida. Elena, de 36 años, caminaba por ahí con su hija de 2 en los brazos. La vaca la embistió a todo galope.
Elena murió con el pecho y la cabeza deshechos por las pezuñas.
La niña sufrió algunos rasguños al caer.
La vaca se salvó de los matanceros del rastro.
Un oficial la mató con un disparo en la cabeza.
c c |10:53 a.m.
José Alejandro pasó sus últimos 14 días en el Hospital General de San Andrés Cholula, en Puebla. Tenía 2 años. La causa de su muerte fue traumatismo cranoencefálico. Ericka, su mamá, tiene 19 años y lo maltrataba. Dejaba al niño con sus familiares por temporadas, y lo maltrataban. José Alejandro estaba a cargo de sus abuelos cuando murió.
Tenía
el tabique nasal fracturado
heridas en el párpado
cicatrices de quemaduras en el cuerpo
la tibia y el peroné fracturados.
No tenía
las uñas de las manos
ni las de los pies.
c c |10:48 a.m.
c c |10:00 a.m.
martes, diciembre 02, 2003
Peter resultó tener talento para las historias terribles.
Muy cerca de su casa, en Plateros, hay una fábrica de refrescos. Un día vio a un sexagenario que iba cruzando la calle, mientras un camión repartidor de refresco se aproximaba. Al caminar rápido, el señor se tropezó y cayó. Las llantas del camión no tardaron en pasarle por encima. Peter mejor no se quedó a ver.
Otro día, en el paradero del metro Zapata, iba caminando de nuevo con mi hermana y se equivocaron de calle. Al doblar la esquina, se encontraron con un grupo de policías, gente y a la señora que vendía chicles que lloraba. Su hijo estaba ahí, con la cabeza aplastada bajo la llanta de un microbús: el niño jugaba con su globo y se le fue bajo la parte trasera del automotor. A la señal de salida, el chofer arrancó. No podía saber que el niño estaba buscando su globo cerca de la llanta...
Confirmando que sólo historias terribles unen a Peter y a mi hermana.
c c |11:54 a.m.
Rogelio tendría unos 35 años. Nació con parálisis cerebral en un estado al norte del país. Hace dos años salió de su casa y no supieron más de él, hasta que un día la policía pidió pruebas de ADN de la mamá para cotejarlas con la osamenta que habían encontrado y que coincidía con algunas señas particulares de Rogelio. La policía informó a la familia que, comparando el ADN, efectivamente se trataba de Rogelio. Recibieron los restos, les lloraron, los sepultaron y los visitaban en el panteón en las fechas conmemorativas. Así dos años.
Hace unos días Rogelio tocó el timbre de su casa e hizo sonar el móvil colgado de la puerta que llaman "alejaespantos". Su mamá casi sufre un ataque cardiaco. Rogelio nomás se perdió. Cuando le preguntan, no sabe decir dónde estuvo ni con quién ni cuánto tiempo.
c c |11:34 a.m.